Soñar con la gloria del Carnaval de Rio, lejos de los desfiles para la élite
En un deslucido galpón entre las viviendas de hormigón del norte de Rio de Janeiro, bailarines y percusionistas de samba practican sus ritmos para un desfile carnavalesco del que pocos turistas han oído hablar.
Restos de carrozas y decorados donados de desfiles pasados están esparcidos por el lugar, que se encuentra bajo un viaducto y hace las veces de estacionamiento de una escuela de conducción.
La escena contrasta radicalmente con el espectáculo mundialmente famoso del Sambódromo de Rio, que arranca este domingo y que, según los críticos, se ha vuelto cada vez más distante de los barrios pobres que sostienen las raíces de la samba.
El maestro de batería Américo Teófilo, de 37 años, sueña con actuar entre los grandes, pero se enorgullece de desfilar en un evento paralelo en la densamente poblada zona norte de Rio, que asegura es "más para el pueblo".
"El del Sambódromo, no lo estoy criticando, pero se está volviendo más elitista. ¡Pero me encantan ambos!", dice.
Han pasado 20 años desde que su célebre escuela de samba Caprichosos de Pilares, fundada en 1949, desfiló por última vez en el Sambódromo, antes de caer a la división inferior en esta competición similar a una liga de fútbol.
- "Imposible" -
Teófilo recuerda cómo, de niño, su familia, a pesar de ser pobre, podía permitirse asientos en primera fila en el Sambódromo.
Pero estas entradas ahora cuestan alrededor de 300 dólares cada una, equivalente, aproximadamente, al salario mínimo mensual en Brasil. Las más baratas rondan los 35 dólares.
"Hoy en día es muy caro... es imposible", afirma.
Se han multiplicado los llamados camarotes, palcos VIP cuyos boletos se venden por cientos de dólares y en los que se dejan ver estrellas como Neymar.
Algunos promocionan a DJs de renombre, lo que ha generado quejas por tapar los sonidos de la samba.
"A veces el desfile está en curso y suena la música electrónica", se queja Teófilo.
En contraste, los desfiles de la avenida Intendente Magalhães, donde decenas de escuelas como Caprichosos de Pilares compiten y tratan de subir de división, son gratuitos.
- Raíces "olvidadas" -
Las raíces de la samba y el carnaval de Rio están profundamente ligadas a los barrios pobres de mayoría afrobrasileña, donde las escuelas de samba trabajan todo el año para el espectáculo de febrero.
Actuar en las categorías superiores ahora cuesta millones de dólares, invertidos en carrozas imponentes, atuendos cubiertos de cristales y plumas, y la pompa que convirtió los desfiles del Sambódromo en un atractivo mundial.
El presidente de la agencia de turismo de Rio (Riotur), Bernardo Fellows, dijo a la AFP que se habían asignado 52 millones de reales (10 millones de dólares) a las escuelas de samba de todas las categorías.
"La transferencia (de fondos del ayuntamiento) es un poco desproporcionada" en detrimento de las escuelas de menor rango, dijo el director de carnaval de Caprichosos, Henrique Bianchi.
"Por supuesto que el carnaval es para todos... pero aquí queda un poco más olvidado. Aunque las raíces vienen de aquí, de la zona norte", insiste.
Escuelas como Caprichosos sobreviven gracias a donaciones de las escuelas más ricas de antiguas carrozas y decorados que reutilizan.
- "Samba en nuestras venas" -
Paulinha Peixoto, de 39 años, que lidera a las bailarinas, dice que el espectáculo es "un trabajo en equipo".
"Los costos salen de nuestro bolsillo... Una le arregla el cabello a la otra, otra ayuda con el maquillaje. Es samba en nuestros pies, en nuestras venas, amor en nuestros corazones".
Afirma que llegar al Sambódromo es el sueño de toda bailarina.
Fellows, de Riotur, estima "legítimo e importante" el debate sobre el riesgo de que el Carnaval se convierta en un producto exclusivo.
El crecimiento no debería darse "a costa de su alma popular", dice.
Para quienes buscan gastar menos, están los miles de "blocos" o fiestas callejeras y los días de ensayos públicos gratuitos en el Sambódromo.
Pero para muchos, esto no es comparable con el auténtico espectáculo.
"No hay duda de que es solo para ricos", dice Adriano Santos, de 43 años, un trabajador social de la favela de Rocinha, en los ensayos gratuitos del Sambódromo.
"Rio, en su mayoría, está conformado por gente de comunidades pobres. Esa gente no debería estar allí solo para desfilar y llenar la escuela de samba; también necesita apreciar el espectáculo".
L.Bernardi--IM